miércoles, 27 de noviembre de 2013


Los ángeles de Ala, Baudrillard y la precesión de los simulacros

(Basado en “La Precesión de los simulacros”, de Jean Baudrillard)


Los ángeles de Ala no estarán en la casa del que posea imágenes;
y que el día del juicio final el pintor de imágenes será castigado
 por haber osado imitar el hecho creador de Dios”

 Corán -5:90-


Comienza el texto Baudrillard con un inteligente juego haciendo una sutil referencia a la pequeña fábula de Jorge Luis Borges de los cartógrafos del imperio, que relata la precisión del mapa donde se detallaba dicha tierra desconocida y atemporal, tan exacto era el trabajo de los cartógrafos que el mapa cubría la totalidad física del mismo territorio que representaba; a pesar de la pequeña dimensión del texto de Borges con apenas un párrafo, éste ofrece grandes posibilidades de indagar y reflexionar aspectos fundamentales con respecto a la relación entre realidad y representación, en especial dentro del contexto contemporáneo.

A diferencia del misterioso imperio de la fábula de Borges nuestra sociedad de hoy tiene un avanzado desarrollo técnico que permite la proliferación descontrolada de mapas y reproducciones que también pretenden ser una fiel copia de la realidad. Inclusive a escala planetaria podríamos comparar los mapas satelitales que detallan con precisión la superficie terrestre, con la obra maestra de aquellos cartógrafos.

Para Baudrillard la importancia de esta fábula tiene que ver con la difuminación entre el original y la copia, es decir, el mapa con el territorio que a la par se desgastan y desvanecen bajo las inclemencias del tiempo y la decadencia del imperio; para  desaparecer y volverse uno mismo en la abstracción de la metáfora.

En adelante será el mapa el que preceda al territorio y no al revés, la referencia ya no corresponde a un territorio o una sustancia sino que ahora la dinámica radica en la generación de modelos sin origen ni realidad, y como dice el mismo Baudrillard: son los vestigios de lo real, no los del mapa, los que todavía subsisten esparcidos por los desiertos que no son los del imperio, sino nuestro desierto, el propio desierto de lo real (1).

Es así, que acertadamente Baudrillard utiliza la metáfora de Borges con respecto a la desaparición del imperio, aunque el filósofo francés en este caso la utiliza para destacar la desaparición de la realidad misma; y es efectivo comparar a ambos ya que tanto el imperio como la realidad tienen su origen a partir de estructuras y cánones bien establecidos por una tradición, una cultura, o una cosmogonía de ideas que en general apuntan hacía una misma dirección. Una idea muy importante en el juego de la simulación y el simulacro, la cual el autor extiende también con el libro “El crimen perfecto”; donde la victima por su puesto ha sido la realidad y todo porque la seducción que incitaba al acto poético de interpretar una realidad ha sido aniquilado, ya no hay espacio para el acto creativo de formar una concepción (3).

La simulación no corresponde a un territorio, a una referencia o a una sustancia, sino que es la generación por los modelos de algo real sin ningún origen, un proceso de construcción de la realidad a partir de la nada, paradójicamente esto desencadena un proceso de hiperrealidad, donde el resultado es inclusive más real y contundente que lo real.

Los actuales simulacros, es decir los cartógrafos contemporáneos, con el mismo imperialismo que aquellos de la fábula, intentan coincidir todo lo real con sus modelos de simulación, lo importante es que entre el mapa y el territorio ya no se distingue una diferencia. Es decir, que se esfumó la diferencia entre el uno y otro, lo que producía el momento de la abstracción y la capacidad de descubrir una realidad. “Es la diferencia la que producía la poesía del mapa y el embrujo del territorio, la magia del concepto y el hechizo de lo rea” (1).

El aspecto imaginario de la representación es barrido por la simulación, una operación que se convierte en nuclear y genética al poder ser producida y reproducida un número indefinido de veces gracias a las herramientas tecnológicas presentes desde algunas décadas, es decir, que se le otorgan posibilidades ilimitadas a los contenidos y éstos cobran vida y poder propio para barrer con el original.

La metafísica entera desaparece, no hay más espejo entre el ser y las apariencias, entre lo real y su concepto. La miniaturización genética es el destino de la conciencia imaginaría, ya que ésta es la verdadera dimensión de la simulación; lo cual le permite reproducirse como un cáncer que va infectando todo sigilosa pero contundentemente. 

La era de simulación se abre con la liquidación no solo de todos referentes de lo real, sino también con una surrección artificial en los sistemas de los signos, se trata de una suplantación de lo real por los signos de lo real. “Pues no es raro que las imitaciones lleguen con el tiempo a confundirse con el original”  (1).

Lo real no tendrá nunca más ocasión de producirse: tal es la función vital del modelo en un sistema de muerte, o mejor, de resurrección anticipada que no concede posibilidad  alguna ni al fenómeno mismo de la muerte, comienzo y fin, todo desaparece. Se avecina una era sin la sólita dinámica bipolar donde las cosas se contradecían, a partir de ahora no más tesis, no más antítesis. Solo navegar por las aguas de las indiferencias que no llevan a ningún puerto nuevo.

Lo que sucederá a partir de ahora es lo hiperreal, secuestrando todo el imaginario, y toda posibilidad de distinción entre lo real y lo imaginario. No dando lugar más a la generación simulada de las diferencias.

Para seguir indagando en este fenómeno Jean Baudrillard nos acerca a otro ejemplo, pero esta vez relacionado al campo de la medicina y la psicología, explica que simular no es fingir sino que es algo más complicado, ya que disimular es fingir no tener lo que se tiene, mientras que simular  es fingir tener lo que no se tiene. Por una parte fingir remite a una presencia, mientras que simular remite a una ausencia.

El que finge se mete en cama y hace creer que esta enfermo, mientras que aquel que simula aparenta tener algunos síntomas de la enfermedad. Es decir, que la diferencia radica en que éste último a pesar de mostrar los síntomas no tiene la enfermedad. Fingir o disimular ambos dejan intacto el principio de realidad, aunque hay una diferencia enmascarada.

La simulación vuelve a cuestionar la diferencia de lo verdadero y de lo falso, de lo real y de lo imaginario; cualquier síntoma puede ser producido y no se percibe como un hecho natural, la medicina pierde su sentido al no saber tratar más que las enfermedades verdaderas según sus causas objetivas. No hay más una causa objetiva desde la perspectiva médica.

¿Qué puede hacer la medicina con lo que fluctúa en los límites de la enfermedad o la salud, con la reproducción de la enfermedad en el seno de un discurso que no es verdadero ni falso? La psicosomática evoluciona de manera turbia en los confines del principio de enfermedad.

En cuanto el psicoanálisis, éste remite el síntoma desde el orden orgánico al orden del inconsciente, y el síntoma es considerado más verdadero que el otro. Es decir que desde la perspectiva psicoanalítica el fenómeno efectivamente concuerda con los patrones del inconsciente: el simulacro a las ordenes del inconsciente, tal cual como la dinámica en que funcionan los sueños y su generación de representaciones.

Pero, qué puede hacer el psicoanálisis con la repetición del discurso del inconsciente dentro de un discurso de simulación que jamás podrá ser desenmascarado al jamás haber dejado de ser falso. Es decir que se resiste a llevar a cabo la distinción entre lo verdadero y lo falso, entre el síntoma producido y el síntoma auténtico. Y como argumenta Baudrillard: ¡Si interpreta tan bien el papel del loco es que lo está! Y en este sentido no se equivoca ya que todos los locos simulan.

El principio de verdad, con todas sus categorías de la razón clásica, que precisamente fueron creadas para evitar este tipo de subversiones, es ahora obsoleto debido a las peripecias del simulacro y lo hiperreal. Se derrumban ideas filosóficas que comenzaron a florecer desde algunos hace milenios y que cimentaron la estructura de la modernidad. 

Además de los mapas y la medicina, la simulación también remite a la religión y más concretamente al simulacro de la divinidad, ya que la importancia del debate entre los iconoclastas y los iconólatras por la representación de Dios radica en el temor de que éste simplemente pudiera perderse en la creación y repetición  de su propio simulacro. Era tentador para los iconólatras esparcir la imagen de Dios tal como lo hacen ahora las campañas publicitarias para acercar al cliente con su producto, sin embargo por otra parte, el riesgo era la eliminación total de la esencia original y el desvelamiento de que en realidad Dios nunca ha existido y solo ha sido su propio simulacro.

“Prohibí que hubiera imágenes en los templos porque la divinidad que anima la naturaleza no puede ser representada” (iconoclastas). ¡Pero en realidad si puede serlo! Y con su gran poder de fascinación y todopoderosidad  los iconólatras simplemente vieron desaparecer su dios en la peifanía de sus representaciónes.

En el Islam entendían bien la capacidad de las imágenes de borrar a Dios de la conciencia de los hombres, y fue de esta manera tan sutil y directa que ellos lo expresaron en sus escritos:

Los ángeles de Ala no estarán en la casa del que posea imágenes;
y que el día del juicio final el pintor de imágenes será castigado
 por haber osado imitar el hecho creador de Dios”

 Corán -5:90-

Quién escribió este pasaje del Corán sabía que el verdadero problema no era el osar imitar el hecho creador de Dios, sino que la imagen tiene la capacidad de destruir la realidad, es decir, aniquilar todo aquello creado por Dios, incluido a sí mismo. Lo que ha estado en juego siempre ha sido el poder mortífero de las imágenes, asesinas de lo real, asesinas de su propio modelo. La desaparición de Dios en sus representaciones, eso era justamente lo que atemorizaba a los iconoclastas, cuya querella milenaria es todavía la de nuestros días.

Por otro lado los iconólatras quizá no ignoraban que las imágenes no representaban nada y que eran puro juego, y que a pesar de que también sabían que era muy arriesgado desenmascarar unas imágenes que no representan nada, el poder de control y convencimiento que la imagen otorga para quien la controla fue más persuasivo para ellos. Los jesuitas fundaron su propia política sobre la desaparición virtual de Dios y la manipulación mundana y espectacular de las conciencias. Tras las imágenes del barroco ocultaron la eminencia gris de la política que sirvió para fines muy concretos de sometimiento.

Entonces  ¿Y si Dios mismo puede ser simulado, reducido a los signos que dan fe de él? De hecho la mayoría de las fes del mundo tienden por la imagen, y de las fes occidentales todas las están comprometidas con la representación. Entonces todo el sistema queda flotando convertido en un gigantesco simulacro. No en algo real, si no en un simulacro. Dentro de un circuito ininterrumpido donde la referencia no existe. A continuación se muestran las cuatro fases sucesivas fases que de acuerdo a Baudrillard son el proceso en el una imagen o una representación se pierde en su propia realidad, para inevitablemente convertirse en un simulacro:

Las fases sucesivas de la imagen:

-          Es el reflejo de una realidad profunda

-          Enmascara y desnaturaliza una realidad profunda

-          Enmascara la ausencia de realidad profunda

-          No tiene nada que ver con ningún tipo de realidad, es ya su propio y puro simulacro.


Y es en la cuarta fase en que toca a la simulación ser la protagonista y reina absoluta, ya que la apariencia y la representación han desaparecido del juego de la imagen. Al contrario que la utopía, la simulación parte del principio de equivalencia, de la negación radical del signo como valor, parte del signo como reversión y eliminación de toda referencia.

Cuando lo real ya no es lo que era, la nostalgia cobra sentido. Pujanza de los mitos del origen y de los signos de realidad. Pujanza de la verdad, la objetividad y la autenticidad. Producción enloquecida de lo real y lo referencial, paralela y superior al enloquecimiento de la producción materia, escalada de lo verdadero (1).

Y el peligro reside en la construcción de una nueva realidad, neo-real, o hiperreal, construida a partir de las representaciones que se propagan viral y masivamente alrededor del mundo, y muchas veces éstas simulaciones son fabricadas por aquellos grupos interesados precisamente en crear una realidad a su conveniencia. Por ejemplo la industria farmacéutica siempre ha sido muy conciente del efecto placebo que tiene la publicidad tiene sobre los pacientes que consumen sus productos; y no pierden la oportunidad en invertir en investigación de publicidad efectiva así como lo harían en recursos para un laboratorio químico; y de igual manera una buena campaña de publicidad puede hacer que un coche sea más veloz, más cómodo, y destacarse entre los automóviles que tienen las mismas cualidades técnicas al circular por el pavimento. Es decir, un juego donde la simulación es la estrategia de lo real (4).  


El final de la orgía

La orgía es todo el momento explosivo de la modernidad, el gesto de la liberación en todos los campos (liberación de la mujer, liberación sexual, política, economía, artística, etc.).  Sin embargo, actualmente estamos en una etapa posterior a la orgía, hemos recorrido todos los caminos de la producción y de la superproducción virtual de objetos, de signos, de mensaje, ideologías y placeres. Hoy todo esta liberado, pero no nos reencontramos ante la pregunta crucial:

¿Qué hacer después de la orgía?

Pues no sabemos, ya que fingimos que seguimos acelerando en el mismo sentido, ya sólo podemos simular la orgía y la liberación. Pero en realidad la humanidad está acelerando en el vacío, porque esas finalidades ya quedaron atrás y son totalmente obsoletas.

Estamos en el estado de las utopías realizadas, donde paradójicamente hay que seguir viviendo como si nunca hubieran sido realizadas. Vivimos en la reproducción indefinida de ideales de fantasías, de imágenes, de sueños, de sexo que ahora quedan en el pasado, que sin embargo tenemos que  reproducirnos en una especie de indiferencia fatal. Sólo resta hiperrealizar estos anhelos en una simulación indefinida.

Nada, ni siquiera Dios desaparece por su final o por su muerte, sino por su proliferación, saturación, contaminación, por la exterminación de una epidemia de simulación. Ya no de un modo fatal de desaparición si no un modo fractal de dispersión. Ya nada se refleja ni en el espejo, ni en el abismo: desdoblamiento al infinito de la conciencia. Ya no hay revolución, sino circunvolución, una involución del valor.

Baudrillard nos explica que también el valor tiene varias fases sucesivas y de alguna manera tienen paralelo con aquellas de la imagen. Tiempo atrás, estaba primero la fase natural del valor de uso (referencia a un uso natural del mundo). A continuación hubo una fase mercantil del valor de cambio (lógica de mercancía). Después una fase estructural del valor-signo (códigos y modelos). Finalmente ha llegado la fase fractal del valor, o también fase viral, es decir cuando ya nada cobra sentido y como la realidad en la representación desaparece también la referencia del valor se esfuma para convertirse en una realidad basada en si misma y nada más. No hay ley de valor sino una epidemia de valor. Uno de los ejemplos más característicos es la circulación de las obras en el mercado del arte ya que los precios son sumas ridículas y desproporcionadas.

El valor hoy en día brilla en ausencia del juicio del valor. Una metástasis general del valor, de proliferación y dispersión aleatoria. Y de hecho ya no habría que hablar de valor, puesto que esta especie de desmultiplicación en cadena imposibilita cualquier evaluación. Imposible calcular en términos de bello o feo, verdadero o falso, bueno malo…

Baudrillard compara al hecho de tratar de construir un juicio de valor, al reto de calcular a la vez la velocidad y dirección de una partícula. Cada partícula sigue su propio movimiento, así mismo, cada valor, fragmento de valor brilla un instante en el cielo de la simulación y después desaparece en el vacío. Este es el esquema propio de lo fractal, es el esquema de nuestra cultura.

Las cosas siguen funcionando cuando su idea lleva mucho tiempo desaparecida, siguen funcionando con una indiferencia hacia su propio contenido; y la paradoja consiste en que funcionan mejor. La idea de progreso ha desaparecido, pero el progreso continúa, la idea de riqueza que sustenta la producción ha desaparecido, pero la producción marcha como nunca. La idea de política ha desaparecido, pero el juego político lo sigue embarrando todo.

Así como el valor de las cosas, todas las percepciones se aceleran a medida que se vuelve indiferente a sus finalidades originales; y todo el paradigma se comienza a tambalear. Aquí comienza el desorden metastásico de desmultiplicación por contigüidad, de proliferación cancerosa. Contaminación de propagación aleatoria e insensata, es decir, una verdadera metástasis de proporciones catastróficas.

Se nos ha impuesto la ley de la confusión de todos los géneros, la sustitución del conjunto y de los elementos simples, la conmutación general de los términos, y lo que termina por instalarse en la desilusión de la metáfora es la metonimia.

El glorioso movimiento de la modernidad no nos ha llevado a una transmutación de todos los valores como habíamos soñado sino a una dispersión e involución del valor cuyo resultado para nosotros es una confusión total. La imposibilidad de reconquistar el principio de una determinación estética, sexual o política de las cosas. Estamos en el grado cero de todas las cosas que también es el de su reproducción y de su simulación indefinida.

Todas las disciplinas se compenetran entre si, todo es sexual, todo es político, todo es estético… a la vez. Por ejemplo, la política está en todos lados: en la economía, en el deporte, en la ciencia, en el sexo, en el espectáculo, en la estética… Cuando todo es político ya nada es político, y la palabra carece de sentido. Como una huella imperceptible, tal como en la memoria del agua.

Todo es objeto del deseo, todo se interpreta en términos de fantasía e inhibición, y todo el conjunto de actividades en lo que se ha dado en llamar la cultura ha sido absorbido por esta dinámica. Cuando todo es estético ya nada es estético, ya nada es ni bello ni feo y el mismo arte desaparece.

El arte ha desaparecido, es decir que la utopía estética de los tiempos modernos proclamada desde el renacimiento se desvaneció por completo a favor de una circulación pura de las imágenes, en una transestética de la banalidad. Y fue precisamente con el Dadá de Marcel Duchamp que el arte renegado se abrió a la era transestética de la banalidad de las imágenes. Así como el arte se derrumbaba en su estrategía, también lo hacía la producción y el valor, cuyo colapso final vino con el estallido de la burbuja económica y la crisis de 1929.


Transestética

La maquinaria industrial del mundo se ha visto estetizada, la gran tarea de occidente fue la mercantilización del mundo, haberlo entregado todo al destino de la mercancía, es decir, su puesta en escena. Todo se ha vuelto iconoclasta: imágenes donde no hay nada que ver. Además todos se han vuelto potencialmente creativos y la proliferación de imágenes donde no hay nada que ver es incontrolable.

Esto para Jean Baudrillard es un regreso a la fase cultural de las sociedades primitivas, y nos ayuda con un ejemplo para entender la regresión del arte comparando lo que se esconde detrás de las latas Campell de Andy Warhol y las obras bizantinas de la edad media; que a pesar de la distancia en el tiempo que separa a éstas ambas, comparten el hecho de que pertenecen al mismo juego de la simulación. 

Como los iconos bizantinos permitían dejar a un lado cualquier iniciativa de plantearse la cuestión de la existencia de Dios, sin dejar de creer en él; las obras de Warhol tienen la misma ventaja (o desventaja) de no darnos la posibilidad de poder plantearnos la cuestiones de índole artísticas  y estéticas, como de bello o feo, bueno malo , etc.; y ahí esta precisamente el milagro: las imágenes contemporáneas nos permiten seguir creyendo en el arte precisamente eludiendo la cuestión de su existencia.

Vivimos en un mundo en el que la más alta función del signo es hacer desaparecer la realidad y a la vez esconder su desaparición, estamos condenados a la indiferencia, y de la misma manera que el arte está más allá de lo bello y lo feo, también está más allá del bien y el mal y todos lo valores construidos previamente.

Hoy en el campo estético del arte nada se contradice todo puede convivir y las convicciones artísticas y humanas sin difuminan en la indiferencia. Imposible calcular en términos de bello o feo, verdadero o falso, bueno malo…Estamos en la imposibilidad de juzgarnos a nosotros a mismos y de cualquier otra cosa. Y el problema queda resuelto en el abismo de la simulación. Ruptura del código genético, desorden biológico, proliferación en desorden: cáncer.

Pérdida de partida y fin, calvario de las almas perdidas y confusas en la difuminación de la realidad, todo un cataclismo de dimensiones proféticas y aquí nadie se puede equivocar: los ángeles de Alá han soltado su poder sobre la humanidad, los pintores de imágenes han destruido la creación de Dios…y la humanidad seguirá en el purgatorio por algunos tiempos.

Sin embargo quizá queda esperanza o por lo menos queda la dicha de los artistas que con el comienzo del auge del pop y el hiperrealismo, tratan de presentar al mundo el anhelo de traer de vuelta alguna realidad, algún sueño para la humanidad.





(1).- Baudrillard, Jean. “La Precesión de los simulacros”. Editorial Kaidós.
España    (1978).

(2).- “El Sagrado Corán” Centro Cultural Islámico Fátimah Az- Zahra. El Salvador. (2005)

(3).- Baudrillard, Jean. “El crimen perfecto”. Anagrama, Barcelona (1996).

(4).- Cialdini, Robert “The psychology of persuasion”. Collins. U.S.A. (1984).

miércoles, 13 de noviembre de 2013


EVOLUCIÓN AL ARTE DIGITAL

-Do it youself y la era posmedial –


La evolución hacia el arte digital tiene que ver en gran medida con el interés natural que los artistas tienen por las nuevas técnicas de producción, en este caso  ligado a la revolución tecnológica digital; que sin lugar a dudas ha modificado en las últimas décadas los modos de la comunicación, la información y la creación de contenido creativo e intelectual en la cultura contemporánea.

Sin embargo la importancia del interés de los artistas por estas nuevas técnicas no radica solamente en la búsqueda de una nueva visualidad o de las fronteras pictóricas que las nuevas herramientas digitales pueden ofrecer; sino más bien esta ligado al interés por la construcción de nuevos espacios y  mecanismos para la comunicación e interacción de las nuevas sociedades. Es decir, nuevos modelos de convivencia y toma de decisiones más cercanas a las verdaderas inquietudes de la población, lejos de las intenciones y objetivos de los poderes fácticos que hasta el día de hoy controlan en gran medida el destino de los individuos y las sociedades.

La era digital abre puertas para la construcción de nuevos contenidos y soportes, pero sobretodo brinda la oportunidad de crear una mejor sociedad; esto siempre y cuando los ciudadanos se involucren activamente en la construcción de nuevos y mejores espacios de interacción. El desplazamiento del artista hacia lo digital es para advertir de estas nuevas posibilidades, y para crear los primeros trazos de un mejor camino para los seres humanos.

Los artistas que abordan una postura crítica con respecto a las instituciones no surgieron recientemente, y así como el arte se ha independizado y desarrollado con el paso del tiempo también la inquietud de los artistas por las problemáticas sociales y filosóficas se ha intensificado.

Dos importantes ejemplos en la tendencia artística por el rechazo institucional además de una búsqueda por la construcción de nuevos espacios que pudieran remplazar aquellos secuestrados por intereses institucionales, los podemos encontrar ya en la primera mitad del siglo pasado con las obras de Marcel Duchamp,  con El museo portátil (1941),  y por otra parte Andre Malraux con Museo imaginario. Ambos abordan la crítica de la institución museística mediante la producción específica  de dispositivos autónomos de distribución publica del conocimiento artístico, es decir,  pequeños museos que son a la vez antimuseos.

Posteriormente el artista belga Broodthears dedicó gran parte de su obra y su trabajo (en especial entre 1968 y 1975) para indagar la noción del museo y la función que esta tradición tenía en la cultura y la sociedad. La obra más importante del artista es El museo de las águilas (1968), una obra de intervención a un espacio común que quiere competir y ponerse a la altura de los museos través de la banalización de los valores institucionales que dichos espacios representan.

El espíritu de crítica inmanente y los componentes dialecticos de auto cuestionamiento continúan y se agudizan en los movimientos artísticos de los años posteriores. Hay una inquietud por el nuevo significado del artista, la obra de arte y todo aquello que les rodea; un componente presente en las principales corrientes de despliegue de los lenguajes artísticos de las neo y las post vanguardias.

En 1980 el teórico estadunidense Douglas Crimp escribe un ensayo llamado  sobre las ruinas del museo, en éste aplica las ideas de Foucault para hacer un análisis de los museos; concluye que son espacios institucionales de confinement, equiparables a las cárceles y los centros psiquiátricos, que por cierto, el filósofo francés había estudiado con anterioridad.

Este cuestionamiento radical por parte de los artistas y los teóricos posmodernos trae como resultado final la negación de las instituciones de arte, surgen  obras artísticas que son totalmente inabordables para la institución museística. Se trata de  eliminar la burocracia que se interpone entre los artistas y la comunidad social, esto al convertir a los muesos en espacios obsoletos incapaces de promover el nuevo arte hacia la sociedad y la cultura.

Para la conquista de este objetivo surgen dos movimientos artísticos, por una parte la desmaterialización del objeto en las prácticas de arte conceptual que elimina todo aquello alrededor de una obra que  Derrida llama el paregon, es decir, el aura del original, el marco y todo aquello que representa la tranquilidad de la institución de arte para la exhibición del objeto artístico.

Por otra parte la especifidad de ubicación del earthwok, el landart o el site specifity, que trata de escapar a los límites físicos del museo, ya que la sutil ubicación y  dimensión de las obras simplemente no permite que éstas sean abordables dentro de los espacios tradicionales de las instituciones artísticas.

Estas vertientes artísticas que se escapan del museo pretenden la producción de espacios de interacción comunicativa ciudadana. Siguiendo las ideas del filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas, los artistas saben que es necesaria la creación de un espacio común donde los ciudadanos puedan discutir y decidir todo aquello que les concierne a través de un proceso de diálogo, lo cual significaría la recuperación del dominio público que ha sido  sustraído por el peso de la esfera simulacral, de lo massmediático, el espectáculo y la política  mediática neutralizada a placer de los poderes que controlan los medios. Por lo tanto es tarea la construcción y recuperación de los espacios públicos, así como de la reorganización de las estructuras de poder.

Entendiendo que la tarea es la construcción y recuperación del espacio púbico que ha sido sustraído, es importante entender que no cualquier obra colocada en un espacio urbano puede ser interpretado como arte público, ya que por ejemplo las piezas colocadas en calles o parques solo siguen la lógica de los monumentos ya que no necesariamente tienen la intensión de catalizar la creación de un debate con respecto a la trascendencia del rescate de los espacios comunes dentro del contexto urbano.

Igualmente no cualquier obra que contenga la negación del objeto y pueda ser presentada solamente a través de un medio especifico (arte medial)  significa automáticamente que ésta sea exitosa en el sentido de mostrar el verdadero fin del arte propuesto por las vanguardias artísticas, ya que éstas buscan la creación de nuevos medios, lenguajes y códigos al verdadero servicio de la comunidad y el arte.

Tiene que ver directamente con la producción autónoma de dispositivos de distribución pública del conocimiento artístico, es decir la creación de dispositivos mediales. Una desmaterialización del objeto que se resuelve mediante  la distribución y la experiencia exclusivamente a través de un medio de comunicación, es decir la obra de arte en una dimensión medial que no puede ser mostrada mediante una galería o un museo.

Radio arte, mail art, proyectos para revistas, en general intervenciones en  medios de comunicación que buscan el encuentro real entre los ciudadanos; estas manifestaciones no pueden ser simplemente anecdóticas sino que deben estar ligadas directamente al cuestionamiento radical de la obra de arte, el artista como creador y los canales de interacción con el público en general. El media art no es la producción de un objeto para un media en particular sino la producción de un media especifico, autónomo y capaz de acercarnos a la transformación de la vida cotidiana mediante la intervención en los espacios de encuentro ciudadano.

Los estudios del filósofo canadiense Marshal McLuhan anunciaban desde finales de los años  sesentas del siglo XX la idea de una aldea global, que describía la interacción humana a gran escala entre los individuos debido a los medios electrónicos de comunicación; así como la organización de estructuras de poder creadas a partir de las  relaciones entre el medio, el mensaje y la sociedad (el medio es el mensaje). Es por esto que no se trata de ir con el medio sino contra el medio.

Se aspira a la instauración de una comunidad ideal de comunicación para los ciudadanos y no absorbida institucionalmente. La institución de arte  quiere un objeto exhibible bajo una formula particular y con propósitos establecidos, mientras que los artistas quieren la construcción de un dispositivo abstracto de colectivización de la experiencia. Una producción autónoma de medios de distribución del conocimiento estético que permita una transformación de lo artístico en un contexto de cultura de masas y de reproductibilidad técnica.

Para estas aspiraciones los artistas entienden que se necesita algo más radical que la práctica comunicativa contemporánea, precisan el desarrollo de nuevos dispositivos mediales de comunicación con dominio público capaces de burlar la hegemonía de los espacios y los modos de comunicación que nos han sido establecidos.
Solo así luchando contra el medio es que se podrá conseguir una reorganización institucional e industrial más cercana a los intereses reales de los ciudadanos y las sociedades.

Para estas causas nobles los artistas de este nuevo milenio tienen la gran fortuna de encontrarse precisamente en el nacimiento de una revolución tecnológica que tiene que ver con lo digital. Los modos de convivencia y comunicación a partir de esta revolución están cambiando de igual manera; el mundo que conocemos hoy no será el mismo de mañana.

Se presenta una oportunidad importante para la conquista de espacios reales de dominio público, sin embargo también se presenta una amenaza ya que estos nuevos modos de comunicación con los nuevos códigos, signos y símbolos que éste desarrollo técnico genera pueden ser apropiados por intereses no democraticos y de concentración de poder.

José Luis Brea vincula el desarrollo técnico con un problema especifico de lenguaje, es decir, que la tecnología no es un medio de comunicación sino un lenguaje per se. Según Brea No es posible pensar que todo desarrollo técnico de lugar al surgimiento de una forma artística, y de igual manera es inverosímil pensar que pueda una forma artística nacer sino es irremediablemente ligada  a un desarrollo técnico. Pero si es importante tener en cuenta que la historia de las formas sería incomprensible sin la consideración de los dispositivos tecnológicos, ya que éstos articulan la relación de la producción simbólica con lo real.

Por el momento el mundo digital es en gran medida un paraíso abierto, desjerarquerizado y descentralizado. Un espacio lejos de los reguladores de la esfera medial actual. Hay una proliferación sin precedentes de las posibilidades de distribución pública gracias a la expansión creciente de nuevos sistemas de reproducción técnica. Este desarrollo de las tecnologías de difusión conlleva al surgimiento de la producción de los nueva media, es decir, pequeños dispositivos mediales que pueden ser difundidos a través del internet, la radio, la tv, etc.

Este proceso de multiplicación de los canales mediáticos se debe concretamente a la aparición de tecnologías mediales, postproducción computarizada que permite la edición de material audiovisual; además de una convergencia con las tecnologías de telecomunicaciones y los nuevos equipos de captura de imagen digital, prácticos y compatibles. Una democratización de la creación de contenidos gracias a las herramientas técnicas al alcance de prácticamente todos los ciudadanos: do it youself.

Según Brea este nuevo mapa de expansión de las formas de creación y distribución de las formas y contenidos se puede calificar de posmedial. Una nueva etapa que representa una transformación profunda en el campo de la distribución pública del conocimiento y las prácticas artísticas. Lo que augura el desarrollo de dispositivos independientes que estarán en condiciones de reorganizar el panorama de las mediaciones de la experiencia artística, y la esfera pública.

En estas nuevas circunstancias podemos esperar encontrar verdaderas posibilidades de rescatar los espacios que han sido secuestrados por la mediatización contemporánea, y aunque la aparición de los nuevos dispositivos técnicos no representa ninguna utopía si se verifica un contexto potencial de transformación profunda en lo que se refiere a los modos de producción, distribución y recepción de la experiencia artística; y es innegable que la oportunidad está a la vista de aquellos que saben reconocer los desafíos de los nuevos tiempos.

Definitivamente no se trata de sólo de indagar las posibilidades de experimentación y producción ofrecida por las nuevas tecnologías, sino se trata de experimentar con las posibilidades de reconfiguración de la esfera pública, intentar alterar los dispositivos y las prácticas de comunicación y distribución del conocimiento.

Para Brea esta cuestión forma parte del territorio problemático que determina la encrucijada crucial del arte de nuestro tiempo, y llevar a cabo esta tarea será lo que identificará nuestro tiempo entre otras etapas de la historia del arte, es decir que las obras artísticas en esta lucha son las que formaran el canto de nuestra generación  como José Luis Brea lo denomina.

Para los artistas es inevitable una etapa de cambios en los modos de producción y contenido; de igual  manera el contexto de la comunicación y difusión del arte y la cultura serán diferentes. El resultado final que nos encontraremos dentro de poco tiempo depende de los artistas y la sociedad de hoy, ya que sólo en éstos rádica la posibilidad de construir un mejor destino para todos.

Sin embargo la batalla para conquistar estos nuevos horizontes es ardua incluso para los artistas que también deberán sacrificar sus privilegios, deberán encontrar nuevas  maneras de operar. Los derechos de autor y la figura del como creador absoluto se desvanecerán en un proceso donde la interactividad con la sociedad será el verdadero protagonista de las expresiones creativas del futuro.  Inclusive las definiciones históricas que dan origen a los límites del arte con aquello que no lo es también pueden desaparecer por completo.  

A pesar de las amenazas que esto representa para el status quo  de los artistas contemporáneos, valdrá la pena asumir los riesgos, por la simple razón de que el arte que se nos aproxima así lo exigirá.





BREA, José Luis, “Transformaciones contemporáneas de la imagen en movimiento: postfotografía, postcinema, postmedia”, Revista Acción Paralela, No.5 (versión electrónica)

BREA, José Luis, “El tercer Umbral. Estatuto de las prácticas artísticas en la era del capitalismo cultural”,  CENDEAC, España. 2009. (versión electrónica)

BREA, José Luis, Net.art: (no arte). (versión electrónica)

viernes, 8 de noviembre de 2013


La cultura_Ram, y el papel del crítico y el artista


Cultura post archivista_Ram, es una nueva forma de la cultura humana, en que la información viaja y se multiplica a velocidades nunca antes vistas; con total inmediatez y proyectada hacía el futuro. En secuencia de repeticiones diferidas, variadas como en una fuga sin ningún destino siempre en movimiento como afirma José Luís Brea.

Se prescinde del archivo  (de la llamada cultura_Rom) para encontrar referencias en el presente que ahora sirven de pilares para crear el nuevo conocimiento. En la nueva cultura_Ram, al contrario del pasado, se recurre a los conocimientos paralelos, es decir a un eje que cruza perpendicularmente la línea del tiempo, siempre ubicada en el presente y viendo incondicionalmente hacia el futuro.

La producción de contenido con teorías e ideas, a través de las nuevas herramientas de la inmediatez y la multiplicidad como “do it yourself” se convierten en las nuevas bases que conforman la estructura de nuestra cultura. Una estructura siempre versátil y adaptada a la velocidad de la generación y multiplicación de más y más contenido intelectual.

Entre más nos adentramos en el mundo del ciberespacio también entramos en una nueva forma de perspectiva que no coincide con la perspectiva visual que ya conocemos. Es decir, una perspectiva completamente nueva, libre de cualquier referencia previa.

Una nueva dimensión que como dice Barthes “nunca esta instalada y siempre es atópica” ya que recurre a todas las disciplinas para hacerse a si misma. Todo se mezcla con todo y las referencias para construir conceptos viajan de una disciplina a otra.

Conceptos nómadas que saltan en varias disciplinas y permiten la creación de metodologías híbridas; flexibles y pragmáticas al momento de encontrar fundamentos. Reflejo de una posmodernidad que ante la desorientación constante no recurre a verdades absolutas de una sola disciplina.

Dada la falta de temporalidad, el concepto de memoria también debe ser ahora replanteado, ya que no se mira más hacia en el pasado, la memoria ha perdido su linealidad con el tiempo, y más bien depende de las posibilidades de relaciones entre las diferentes disciplinas del conocimiento; todo en el presente, en el momento.

La historia del arte no es importante para producir y criticar el arte en tiempos de la cultura_Ram, porque la carga del pasado esta difuminada y esparcida en todas las disciplinas. Para producir crítica empieza a ser prescindible también recurrir al pasado. La eliminación de la linealidad de la memoria es un rompimiento con la idea moderna de progreso lineal y referentes absolutos.

Pero también estos fenómenos, otra parte, nos recuerdan que existe el riesgo la banalización del conocimiento, ya que la estructura que genera los nuevos conocimientos se basa en teorías multiplicadas con las herramientas de la inmediatez y “do it yourself", que permiten a prácticamente cualquier individuo la posibilidad de generar conocimiento sin necesariamente ser experto del tema

El espacio virtual tiende a convertirse en el centro del espacio público, o de lo “público”, ya que éste ofrece la posibilidad de la eliminación de los inconvenientes del tiempo y del espacio físico, lo virtual es inmediato y esta presente en todos lados. Permite compartir y producir en una dirección independiente del tiempo y el espacio que conocemos.

Estas nuevas costumbres dentro de la cultura_Ram, nos obligan a hacer una reflexión profunda con respecto a los inevitables cambios que nuestra sociedad será objeto, y así como se pueden observar horizontes positivos, también hay paisajes poblados de amenazas; y la sensación de incertidumbre no cambia sino que nos empuja a ser más y más críticos.

Este fenómeno representa un cambio en las proyecciones del futuro en lo que respecta a las nuevas formas de organización social y ejercicio de la política, la crítica y el arte. Los nuevos modos de comunicación de distribución y creación de contenidos, ya que traerán nuevos espacios públicos para discusión del interés público, que tendrán eventualmente la capacidad de toma de decisiones reales que afecten la vida cotidiana de los ciudadanos. Por ahora no es posible saber con certeza lo que nos espera para el futuro, pero los cambios son inminentes y las posibilidades de que los cambios sean positivos también están presentes.

La idea de transformación de la comunidad y de lo colectivo, responde no solo a un intento por mejorar el balance de poder político sino una verdadera responsabilidad de tomar el problema y hacer de las nuevas comunidades un verdadero espacio democrático de reflexión; de distribución y creación de nuevos conocimientos que no solo pueden mejorar las condiciones políticas de nuestras sociedades, sino también ofrece la posibilidad de hacer avances en todas las disciplinas.

 “cualquiera que vaya a ser el futuro está en nuestras manos decidirlo. A la postre es la polifonía de nuestras voces conjugadas lo que terminará dando vida al canto de nuestra generación”

José Luís Brea

Si bien la revolución cibernética es considerada por muchos como una oportunidad para realizar viejos sueños utópicos de la creación de una verdadera democracia, para otros constituye en realidad un verdadero peligro de dimensiones globales que a todos momentos debe ser denunciado, y es importante hacer un llamado para una reflexión profunda sobre las consecuencias morales, políticas y culturales de la aceleración del tiempo mundial en el cibermundo. En este sentido, Paul Virilio lanza una llamada a crear un debate intenso y a formar una seria resistencia contra las amenazas que atentan nuestra vida privada y social.

La llegada de una posibilidad más real de la democracia con la extensión de la conectividad es solo un espejismo inalcanzable para pensadores como Virilio, y con la puesta en práctica de la instantaneidad, la inmediatez y la ubicuidad de las tecnologías de la información, se está obteniendo una visión total y un poder total que ya no tienen nada que ver con la democracia, sino con la tiranía: la tiranía del tiempo global quizá totalmente incompatible con la del tiempo local. Un régimen escópico apoyado por un sistema de represión y vigilancia desarrollado en el contexto de las nuevas tecnologías que no darán a ninguna posibilidad de libertad en la creación artística y la convivencia social.(5)

No es de sorprender que los artistas contemporáneos ya sean de meanstream contemporary art o del new media art, las más importantes “olas” del arte actual, con tendencias paralelas, pero que no interactuan entre si. Sin embargo ambas comparten la preocupación de este tema y han salido con tendencia hacia la denuncia, el activismo y la proyección de espacios para recuperar a favor de la ciudadanía.

Pero por qué el artista que normalmente permanece dentro de los límites de la estética y la imagen sale de su zona de confort para generar un debate en temas políticos y sociales en espacios que no son los suyos y donde probablemente no se sentiría tan cómodo. Qué proporciona la imagen y el arte en esta nueva cultura, qué hay en el nuevo imaginario del artista para concretar este nuevo impulso.

Conforme la aldea global crece, los métodos para comunicar tienden a utilizar la imagen más que la palabra para privilegiar los símbolos fáciles de entender entre personas de diferente lengua y origen. Al mismo tiempo los nuevos hábitos “do it yourself” también facilitan la creación exponencial de contenido audiovisual dado que permiten prácticamente a cualquier persona la creación de material, que al mismo tiempo es multiplicado por las herramientas de la inmediatez. La imagen así se convierte en protagonista de este proceso

Producción de visualidad, la imagen en el lugar natural de la imaginación y creación. Y también la misma crítica y comprensión del mundo y la cultura humana debe quizá hacerse a partir de ahora desde la imagen y el espacio de lo visual. Tanto el arte como la crítica y la teoría deben ser protagonistas en este proceso de cambio.

La nuevas estrategias relacioneales entre las diferentes disciplinas en la cultura_Ram, permiten al artista y a la imagen saltar y viajar entre cualquier disciplina con total naturalidad; esto se debe a que la imagen es el principal elemento que las une, es el nuevo elemento que sirve para  comunicarnos  en esta aldea global, donde no sólo todas las personas con diferentes orígenes interactúan entre sí; sino también  todas las disciplinas interactúan entre sí.

La nueva tarea del arte y del artista es clara, ser protagonista del cambio y proporcionar los medios para que la ciudadanía a través de los nuevos espacios públicos puedan crear por si solos los nuevos modos de convivencia  más prospero.

Sin embargo el reto del artista no es fácil, ya que los límites son inciertos y el artista puede terminar como un activista ordinario manifestándose por las calles, olvidando que las armas del artista para hacer análisis y activismo debe ser desde lo artístico y no tanto desde lo ciudadano. Es decir, que el artista no debe olvidar que su espacio está en el uso de los recursos que solo él posee. La apropiación, la descontextualización, la ironía, el sarcasmo, etc. Que permiten al artista darle la vuelta a la problemática y la típica semántica con la que se aborda la crítica.

El artista debe producir nuevos espacios políticos, nuevos  espacios públicos para generar resistencias, ser interconector de subjetividades y generador de los nuevos conocimientos.

La política ofrece al arte la posibilidad de ampliar su espacio de experimentación y perspectiva de análisis. El artista comienza a tomar parte de un juego que al parecer le es ajeno, sin embargo éste aporta a la política frescura ya que tiene la capacidad de innovar y crear nuevas formas de hacer convivencia y hacer sociedad.







Brea, José Luis, “Transformaciones contemporáneas de la imagen en movimiento: postfotografía, postcinema, postmedia”, Revista Acción Paralela, No.5 (versión electrónica)

BREA, José Luis, “El tercer Umbral. Estatuto de las prácticas artísticas en la era del capitalismo cultural”,  CENDEAC, España. 2009. (versión electrónica)

BREA, José Luis, "Net.art: (no arte)". (versión electrónica)

BREA, José Luis, Cultura_Ram. “Mutaciones de la cultura en la era de su distribución electrónica”. Gedisa, España, 2007

CHANDLER, Annmarie y NEUMARK, Norie, “Precursors to Art and Activism on the Internet”, The MIT Press Cambridge, USA, 2005

SHANKEN, A. Edward, “Contemporary Art and New Media: Toward a Hybrid Discourse?”, (versión digital)

5.- Virilio, Paul, “Máquina de visión. Cátedra. Madrid 1998.

Virilio, Paul,  “Estética de la desaparición”.La Marca.Argentina 1976. 

Virilio Paul, "El acto del motor: aceleración y realidad virutal". Manantial. Argentina 1996.