miércoles, 13 de noviembre de 2013


EVOLUCIÓN AL ARTE DIGITAL

-Do it youself y la era posmedial –


La evolución hacia el arte digital tiene que ver en gran medida con el interés natural que los artistas tienen por las nuevas técnicas de producción, en este caso  ligado a la revolución tecnológica digital; que sin lugar a dudas ha modificado en las últimas décadas los modos de la comunicación, la información y la creación de contenido creativo e intelectual en la cultura contemporánea.

Sin embargo la importancia del interés de los artistas por estas nuevas técnicas no radica solamente en la búsqueda de una nueva visualidad o de las fronteras pictóricas que las nuevas herramientas digitales pueden ofrecer; sino más bien esta ligado al interés por la construcción de nuevos espacios y  mecanismos para la comunicación e interacción de las nuevas sociedades. Es decir, nuevos modelos de convivencia y toma de decisiones más cercanas a las verdaderas inquietudes de la población, lejos de las intenciones y objetivos de los poderes fácticos que hasta el día de hoy controlan en gran medida el destino de los individuos y las sociedades.

La era digital abre puertas para la construcción de nuevos contenidos y soportes, pero sobretodo brinda la oportunidad de crear una mejor sociedad; esto siempre y cuando los ciudadanos se involucren activamente en la construcción de nuevos y mejores espacios de interacción. El desplazamiento del artista hacia lo digital es para advertir de estas nuevas posibilidades, y para crear los primeros trazos de un mejor camino para los seres humanos.

Los artistas que abordan una postura crítica con respecto a las instituciones no surgieron recientemente, y así como el arte se ha independizado y desarrollado con el paso del tiempo también la inquietud de los artistas por las problemáticas sociales y filosóficas se ha intensificado.

Dos importantes ejemplos en la tendencia artística por el rechazo institucional además de una búsqueda por la construcción de nuevos espacios que pudieran remplazar aquellos secuestrados por intereses institucionales, los podemos encontrar ya en la primera mitad del siglo pasado con las obras de Marcel Duchamp,  con El museo portátil (1941),  y por otra parte Andre Malraux con Museo imaginario. Ambos abordan la crítica de la institución museística mediante la producción específica  de dispositivos autónomos de distribución publica del conocimiento artístico, es decir,  pequeños museos que son a la vez antimuseos.

Posteriormente el artista belga Broodthears dedicó gran parte de su obra y su trabajo (en especial entre 1968 y 1975) para indagar la noción del museo y la función que esta tradición tenía en la cultura y la sociedad. La obra más importante del artista es El museo de las águilas (1968), una obra de intervención a un espacio común que quiere competir y ponerse a la altura de los museos través de la banalización de los valores institucionales que dichos espacios representan.

El espíritu de crítica inmanente y los componentes dialecticos de auto cuestionamiento continúan y se agudizan en los movimientos artísticos de los años posteriores. Hay una inquietud por el nuevo significado del artista, la obra de arte y todo aquello que les rodea; un componente presente en las principales corrientes de despliegue de los lenguajes artísticos de las neo y las post vanguardias.

En 1980 el teórico estadunidense Douglas Crimp escribe un ensayo llamado  sobre las ruinas del museo, en éste aplica las ideas de Foucault para hacer un análisis de los museos; concluye que son espacios institucionales de confinement, equiparables a las cárceles y los centros psiquiátricos, que por cierto, el filósofo francés había estudiado con anterioridad.

Este cuestionamiento radical por parte de los artistas y los teóricos posmodernos trae como resultado final la negación de las instituciones de arte, surgen  obras artísticas que son totalmente inabordables para la institución museística. Se trata de  eliminar la burocracia que se interpone entre los artistas y la comunidad social, esto al convertir a los muesos en espacios obsoletos incapaces de promover el nuevo arte hacia la sociedad y la cultura.

Para la conquista de este objetivo surgen dos movimientos artísticos, por una parte la desmaterialización del objeto en las prácticas de arte conceptual que elimina todo aquello alrededor de una obra que  Derrida llama el paregon, es decir, el aura del original, el marco y todo aquello que representa la tranquilidad de la institución de arte para la exhibición del objeto artístico.

Por otra parte la especifidad de ubicación del earthwok, el landart o el site specifity, que trata de escapar a los límites físicos del museo, ya que la sutil ubicación y  dimensión de las obras simplemente no permite que éstas sean abordables dentro de los espacios tradicionales de las instituciones artísticas.

Estas vertientes artísticas que se escapan del museo pretenden la producción de espacios de interacción comunicativa ciudadana. Siguiendo las ideas del filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas, los artistas saben que es necesaria la creación de un espacio común donde los ciudadanos puedan discutir y decidir todo aquello que les concierne a través de un proceso de diálogo, lo cual significaría la recuperación del dominio público que ha sido  sustraído por el peso de la esfera simulacral, de lo massmediático, el espectáculo y la política  mediática neutralizada a placer de los poderes que controlan los medios. Por lo tanto es tarea la construcción y recuperación de los espacios públicos, así como de la reorganización de las estructuras de poder.

Entendiendo que la tarea es la construcción y recuperación del espacio púbico que ha sido sustraído, es importante entender que no cualquier obra colocada en un espacio urbano puede ser interpretado como arte público, ya que por ejemplo las piezas colocadas en calles o parques solo siguen la lógica de los monumentos ya que no necesariamente tienen la intensión de catalizar la creación de un debate con respecto a la trascendencia del rescate de los espacios comunes dentro del contexto urbano.

Igualmente no cualquier obra que contenga la negación del objeto y pueda ser presentada solamente a través de un medio especifico (arte medial)  significa automáticamente que ésta sea exitosa en el sentido de mostrar el verdadero fin del arte propuesto por las vanguardias artísticas, ya que éstas buscan la creación de nuevos medios, lenguajes y códigos al verdadero servicio de la comunidad y el arte.

Tiene que ver directamente con la producción autónoma de dispositivos de distribución pública del conocimiento artístico, es decir la creación de dispositivos mediales. Una desmaterialización del objeto que se resuelve mediante  la distribución y la experiencia exclusivamente a través de un medio de comunicación, es decir la obra de arte en una dimensión medial que no puede ser mostrada mediante una galería o un museo.

Radio arte, mail art, proyectos para revistas, en general intervenciones en  medios de comunicación que buscan el encuentro real entre los ciudadanos; estas manifestaciones no pueden ser simplemente anecdóticas sino que deben estar ligadas directamente al cuestionamiento radical de la obra de arte, el artista como creador y los canales de interacción con el público en general. El media art no es la producción de un objeto para un media en particular sino la producción de un media especifico, autónomo y capaz de acercarnos a la transformación de la vida cotidiana mediante la intervención en los espacios de encuentro ciudadano.

Los estudios del filósofo canadiense Marshal McLuhan anunciaban desde finales de los años  sesentas del siglo XX la idea de una aldea global, que describía la interacción humana a gran escala entre los individuos debido a los medios electrónicos de comunicación; así como la organización de estructuras de poder creadas a partir de las  relaciones entre el medio, el mensaje y la sociedad (el medio es el mensaje). Es por esto que no se trata de ir con el medio sino contra el medio.

Se aspira a la instauración de una comunidad ideal de comunicación para los ciudadanos y no absorbida institucionalmente. La institución de arte  quiere un objeto exhibible bajo una formula particular y con propósitos establecidos, mientras que los artistas quieren la construcción de un dispositivo abstracto de colectivización de la experiencia. Una producción autónoma de medios de distribución del conocimiento estético que permita una transformación de lo artístico en un contexto de cultura de masas y de reproductibilidad técnica.

Para estas aspiraciones los artistas entienden que se necesita algo más radical que la práctica comunicativa contemporánea, precisan el desarrollo de nuevos dispositivos mediales de comunicación con dominio público capaces de burlar la hegemonía de los espacios y los modos de comunicación que nos han sido establecidos.
Solo así luchando contra el medio es que se podrá conseguir una reorganización institucional e industrial más cercana a los intereses reales de los ciudadanos y las sociedades.

Para estas causas nobles los artistas de este nuevo milenio tienen la gran fortuna de encontrarse precisamente en el nacimiento de una revolución tecnológica que tiene que ver con lo digital. Los modos de convivencia y comunicación a partir de esta revolución están cambiando de igual manera; el mundo que conocemos hoy no será el mismo de mañana.

Se presenta una oportunidad importante para la conquista de espacios reales de dominio público, sin embargo también se presenta una amenaza ya que estos nuevos modos de comunicación con los nuevos códigos, signos y símbolos que éste desarrollo técnico genera pueden ser apropiados por intereses no democraticos y de concentración de poder.

José Luis Brea vincula el desarrollo técnico con un problema especifico de lenguaje, es decir, que la tecnología no es un medio de comunicación sino un lenguaje per se. Según Brea No es posible pensar que todo desarrollo técnico de lugar al surgimiento de una forma artística, y de igual manera es inverosímil pensar que pueda una forma artística nacer sino es irremediablemente ligada  a un desarrollo técnico. Pero si es importante tener en cuenta que la historia de las formas sería incomprensible sin la consideración de los dispositivos tecnológicos, ya que éstos articulan la relación de la producción simbólica con lo real.

Por el momento el mundo digital es en gran medida un paraíso abierto, desjerarquerizado y descentralizado. Un espacio lejos de los reguladores de la esfera medial actual. Hay una proliferación sin precedentes de las posibilidades de distribución pública gracias a la expansión creciente de nuevos sistemas de reproducción técnica. Este desarrollo de las tecnologías de difusión conlleva al surgimiento de la producción de los nueva media, es decir, pequeños dispositivos mediales que pueden ser difundidos a través del internet, la radio, la tv, etc.

Este proceso de multiplicación de los canales mediáticos se debe concretamente a la aparición de tecnologías mediales, postproducción computarizada que permite la edición de material audiovisual; además de una convergencia con las tecnologías de telecomunicaciones y los nuevos equipos de captura de imagen digital, prácticos y compatibles. Una democratización de la creación de contenidos gracias a las herramientas técnicas al alcance de prácticamente todos los ciudadanos: do it youself.

Según Brea este nuevo mapa de expansión de las formas de creación y distribución de las formas y contenidos se puede calificar de posmedial. Una nueva etapa que representa una transformación profunda en el campo de la distribución pública del conocimiento y las prácticas artísticas. Lo que augura el desarrollo de dispositivos independientes que estarán en condiciones de reorganizar el panorama de las mediaciones de la experiencia artística, y la esfera pública.

En estas nuevas circunstancias podemos esperar encontrar verdaderas posibilidades de rescatar los espacios que han sido secuestrados por la mediatización contemporánea, y aunque la aparición de los nuevos dispositivos técnicos no representa ninguna utopía si se verifica un contexto potencial de transformación profunda en lo que se refiere a los modos de producción, distribución y recepción de la experiencia artística; y es innegable que la oportunidad está a la vista de aquellos que saben reconocer los desafíos de los nuevos tiempos.

Definitivamente no se trata de sólo de indagar las posibilidades de experimentación y producción ofrecida por las nuevas tecnologías, sino se trata de experimentar con las posibilidades de reconfiguración de la esfera pública, intentar alterar los dispositivos y las prácticas de comunicación y distribución del conocimiento.

Para Brea esta cuestión forma parte del territorio problemático que determina la encrucijada crucial del arte de nuestro tiempo, y llevar a cabo esta tarea será lo que identificará nuestro tiempo entre otras etapas de la historia del arte, es decir que las obras artísticas en esta lucha son las que formaran el canto de nuestra generación  como José Luis Brea lo denomina.

Para los artistas es inevitable una etapa de cambios en los modos de producción y contenido; de igual  manera el contexto de la comunicación y difusión del arte y la cultura serán diferentes. El resultado final que nos encontraremos dentro de poco tiempo depende de los artistas y la sociedad de hoy, ya que sólo en éstos rádica la posibilidad de construir un mejor destino para todos.

Sin embargo la batalla para conquistar estos nuevos horizontes es ardua incluso para los artistas que también deberán sacrificar sus privilegios, deberán encontrar nuevas  maneras de operar. Los derechos de autor y la figura del como creador absoluto se desvanecerán en un proceso donde la interactividad con la sociedad será el verdadero protagonista de las expresiones creativas del futuro.  Inclusive las definiciones históricas que dan origen a los límites del arte con aquello que no lo es también pueden desaparecer por completo.  

A pesar de las amenazas que esto representa para el status quo  de los artistas contemporáneos, valdrá la pena asumir los riesgos, por la simple razón de que el arte que se nos aproxima así lo exigirá.





BREA, José Luis, “Transformaciones contemporáneas de la imagen en movimiento: postfotografía, postcinema, postmedia”, Revista Acción Paralela, No.5 (versión electrónica)

BREA, José Luis, “El tercer Umbral. Estatuto de las prácticas artísticas en la era del capitalismo cultural”,  CENDEAC, España. 2009. (versión electrónica)

BREA, José Luis, Net.art: (no arte). (versión electrónica)

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