EVOLUCIÓN AL ARTE DIGITAL
-Do it youself y la era posmedial –
La evolución
hacia el arte digital tiene que ver en gran medida con el interés natural que
los artistas tienen por las nuevas técnicas de producción, en este caso ligado a la revolución tecnológica digital;
que sin lugar a dudas ha modificado en las últimas décadas los modos de la
comunicación, la información y la creación de contenido creativo e intelectual
en la cultura contemporánea.
Sin embargo la
importancia del interés de los artistas por estas nuevas técnicas no radica solamente
en la búsqueda de una nueva visualidad o de las fronteras pictóricas que las
nuevas herramientas digitales pueden ofrecer; sino más bien esta ligado al
interés por la construcción de nuevos espacios y mecanismos para la comunicación e interacción
de las nuevas sociedades. Es decir, nuevos modelos de convivencia y toma de
decisiones más cercanas a las verdaderas inquietudes de la población, lejos de
las intenciones y objetivos de los poderes fácticos que hasta el día de hoy controlan
en gran medida el destino de los individuos y las sociedades.
La era digital
abre puertas para la construcción de nuevos contenidos y soportes, pero
sobretodo brinda la oportunidad de crear una mejor sociedad; esto siempre y
cuando los ciudadanos se involucren activamente en la construcción de nuevos y
mejores espacios de interacción. El desplazamiento del artista hacia lo digital
es para advertir de estas nuevas posibilidades, y para crear los primeros
trazos de un mejor camino para los seres humanos.
Los artistas que
abordan una postura crítica con respecto a las instituciones no surgieron
recientemente, y así como el arte se ha independizado y desarrollado con el
paso del tiempo también la inquietud de los artistas por las problemáticas sociales
y filosóficas se ha intensificado.
Dos importantes ejemplos
en la tendencia artística por el rechazo institucional además de una búsqueda
por la construcción de nuevos espacios que pudieran remplazar aquellos
secuestrados por intereses institucionales, los podemos encontrar ya en la
primera mitad del siglo pasado con las obras de Marcel Duchamp, con El
museo portátil (1941), y por otra
parte Andre Malraux con Museo imaginario. Ambos abordan la
crítica de la institución museística mediante la producción específica de dispositivos autónomos de distribución
publica del conocimiento artístico, es decir,
pequeños museos que son a la vez antimuseos.
Posteriormente el
artista belga Broodthears dedicó gran parte de su obra y su trabajo (en
especial entre 1968 y 1975) para indagar la noción del museo y la función que esta
tradición tenía en la cultura y la sociedad. La obra más importante del artista
es El museo de las águilas (1968),
una obra de intervención a un espacio común que quiere competir y ponerse a la
altura de los museos través de la banalización de los valores institucionales
que dichos espacios representan.
El espíritu de
crítica inmanente y los componentes dialecticos de auto cuestionamiento
continúan y se agudizan en los movimientos artísticos de los años posteriores. Hay
una inquietud por el nuevo significado del artista,
la obra de arte y todo aquello que les rodea; un componente presente
en las principales corrientes de despliegue de los lenguajes artísticos de las
neo y las post vanguardias.
En 1980 el
teórico estadunidense Douglas Crimp escribe un ensayo llamado sobre
las ruinas del museo, en éste aplica las ideas de Foucault para hacer un
análisis de los museos; concluye que son espacios institucionales de confinement, equiparables a las cárceles
y los centros psiquiátricos, que por cierto, el filósofo francés había
estudiado con anterioridad.
Este cuestionamiento
radical por parte de los artistas y los teóricos posmodernos trae como
resultado final la negación de las instituciones de arte, surgen obras artísticas que son totalmente
inabordables para la institución museística. Se trata de eliminar la burocracia que se interpone entre
los artistas y la comunidad social, esto al convertir a los muesos en espacios
obsoletos incapaces de promover el nuevo arte hacia la sociedad y la cultura.
Para la
conquista de este objetivo surgen dos movimientos artísticos, por una parte la
desmaterialización del objeto en las prácticas de arte conceptual que elimina todo
aquello alrededor de una obra que
Derrida llama el paregon, es
decir, el aura del original, el marco y todo aquello que representa la
tranquilidad de la institución de arte para la exhibición del objeto artístico.
Por otra parte
la especifidad de ubicación del earthwok,
el landart o el site specifity, que trata de escapar a los límites físicos del museo,
ya que la sutil ubicación y dimensión de
las obras simplemente no permite que éstas sean abordables dentro de los
espacios tradicionales de las instituciones artísticas.
Estas vertientes
artísticas que se escapan del museo pretenden la producción de espacios de interacción
comunicativa ciudadana. Siguiendo las ideas del filósofo y sociólogo alemán
Jürgen Habermas, los artistas saben que es necesaria la creación de un espacio
común donde los ciudadanos puedan discutir y decidir todo aquello que les
concierne a través de un proceso de diálogo, lo cual significaría la
recuperación del dominio público que ha sido sustraído por el peso de la esfera simulacral, de lo massmediático, el
espectáculo y la política mediática
neutralizada a placer de los poderes que controlan los medios. Por lo tanto es
tarea la construcción y recuperación de los espacios públicos, así como de la
reorganización de las estructuras de poder.
Entendiendo que la tarea es la construcción y
recuperación del espacio púbico que ha sido sustraído, es importante entender
que no cualquier obra colocada en un espacio urbano puede ser interpretado como
arte público, ya que por ejemplo las piezas colocadas en calles o parques solo siguen
la lógica de los monumentos ya que no necesariamente tienen la intensión de
catalizar la creación de un debate con respecto a la trascendencia del rescate
de los espacios comunes dentro del contexto urbano.
Igualmente no cualquier obra que contenga la
negación del objeto y pueda ser presentada solamente a través de un medio
especifico (arte medial) significa automáticamente
que ésta sea exitosa en el sentido de mostrar el verdadero fin del arte propuesto
por las vanguardias artísticas, ya que éstas buscan la creación de nuevos
medios, lenguajes y códigos al verdadero servicio de la comunidad y el arte.
Tiene que ver directamente con la producción autónoma de dispositivos de distribución pública del
conocimiento artístico, es decir la creación de dispositivos mediales. Una
desmaterialización del objeto que se resuelve mediante la distribución y la experiencia
exclusivamente a través de un medio de comunicación, es decir la obra de arte
en una dimensión medial que no puede ser mostrada mediante una galería o un
museo.
Radio arte, mail
art, proyectos para revistas, en general intervenciones en medios de comunicación que buscan el encuentro
real entre los ciudadanos; estas manifestaciones no pueden ser simplemente
anecdóticas sino que deben estar ligadas directamente al cuestionamiento radical
de la obra de arte, el artista como creador y los canales de interacción con el
público en general. El media art no es la producción de un objeto para
un media en particular sino la producción de un media especifico, autónomo y capaz de acercarnos a la
transformación de la vida cotidiana mediante la intervención en los espacios de
encuentro ciudadano.
Los estudios del
filósofo canadiense Marshal McLuhan anunciaban desde finales de los años sesentas del siglo XX la idea de una aldea global, que describía la
interacción humana a gran escala entre los individuos debido a los medios
electrónicos de comunicación; así como la organización de estructuras de poder
creadas a partir de las relaciones entre
el medio, el mensaje y la sociedad (el
medio es el mensaje). Es por esto que no se trata de ir con el medio sino
contra el medio.
Se aspira a la
instauración de una comunidad ideal de comunicación para los ciudadanos y no
absorbida institucionalmente. La institución de arte quiere un objeto exhibible bajo una formula
particular y con propósitos establecidos, mientras que los artistas quieren la
construcción de un dispositivo abstracto de colectivización de la experiencia. Una
producción autónoma de medios de distribución del conocimiento estético que
permita una transformación de lo artístico en un contexto de cultura de masas y
de reproductibilidad técnica.
Para estas aspiraciones
los artistas entienden que se necesita algo más radical que la práctica
comunicativa contemporánea, precisan el desarrollo de nuevos dispositivos
mediales de comunicación con dominio público capaces de burlar la hegemonía de
los espacios y los modos de comunicación que nos han sido establecidos.
Solo así
luchando contra el medio es que se podrá conseguir una reorganización
institucional e industrial más cercana a los intereses reales de los ciudadanos
y las sociedades.
Para estas
causas nobles los artistas de este nuevo milenio tienen la gran fortuna de
encontrarse precisamente en el nacimiento de una revolución tecnológica que
tiene que ver con lo digital. Los modos de convivencia y comunicación a partir
de esta revolución están cambiando de igual manera; el mundo que conocemos hoy
no será el mismo de mañana.
Se presenta una
oportunidad importante para la conquista de espacios reales de dominio público,
sin embargo también se presenta una amenaza ya que estos nuevos modos de
comunicación con los nuevos códigos, signos y símbolos que éste desarrollo
técnico genera pueden ser apropiados por intereses no democraticos y de
concentración de poder.
José Luis Brea
vincula el desarrollo técnico con un problema especifico de lenguaje, es decir,
que la tecnología no es un medio de comunicación sino un lenguaje per se. Según
Brea No es posible pensar que todo desarrollo técnico de lugar al surgimiento
de una forma artística, y de igual manera es inverosímil pensar que pueda una
forma artística nacer sino es irremediablemente ligada a un desarrollo técnico. Pero si es
importante tener en cuenta que la historia de las formas sería incomprensible
sin la consideración de los dispositivos tecnológicos, ya que éstos articulan
la relación de la producción simbólica con lo real.
Por el momento
el mundo digital es en gran medida un paraíso abierto, desjerarquerizado y
descentralizado. Un espacio lejos de los reguladores de la esfera medial
actual. Hay una proliferación sin precedentes de las posibilidades de
distribución pública gracias a la expansión creciente de nuevos sistemas de
reproducción técnica. Este desarrollo de las tecnologías de difusión conlleva
al surgimiento de la producción de los
nueva media, es decir, pequeños dispositivos mediales que pueden ser difundidos
a través del internet, la radio, la tv, etc.
Este proceso de
multiplicación de los canales mediáticos se debe concretamente a la aparición
de tecnologías mediales, postproducción computarizada que permite la edición de
material audiovisual; además de una convergencia con las tecnologías de
telecomunicaciones y los nuevos equipos de captura de imagen digital, prácticos
y compatibles. Una democratización de la creación de contenidos gracias a las
herramientas técnicas al alcance de prácticamente todos los ciudadanos: do it youself.
Según Brea este
nuevo mapa de expansión de las formas de creación y distribución de las formas
y contenidos se puede calificar de posmedial.
Una nueva etapa que representa una transformación profunda en el campo de
la distribución pública del conocimiento y las prácticas artísticas. Lo que
augura el desarrollo de dispositivos independientes que estarán en condiciones
de reorganizar el panorama de las mediaciones de la experiencia artística, y la
esfera pública.
En estas nuevas
circunstancias podemos esperar encontrar verdaderas posibilidades de rescatar
los espacios que han sido secuestrados por la mediatización contemporánea, y
aunque la aparición de los nuevos dispositivos técnicos no representa ninguna
utopía si se verifica un contexto potencial de transformación profunda en lo
que se refiere a los modos de producción, distribución y recepción de la
experiencia artística; y es innegable que la oportunidad está a la vista de
aquellos que saben reconocer los desafíos de los nuevos tiempos.
Definitivamente
no se trata de sólo de indagar las posibilidades de experimentación y
producción ofrecida por las nuevas tecnologías, sino se trata de experimentar
con las posibilidades de reconfiguración de la esfera pública, intentar alterar
los dispositivos y las prácticas de comunicación y distribución del
conocimiento.
Para Brea esta
cuestión forma parte del territorio problemático que determina la encrucijada
crucial del arte de nuestro tiempo, y llevar a cabo esta tarea será lo que
identificará nuestro tiempo entre otras etapas de la historia del arte, es
decir que las obras artísticas en esta lucha son las que formaran el canto de nuestra generación como José Luis Brea lo denomina.
Para los
artistas es inevitable una etapa de cambios en los modos de producción y
contenido; de igual manera el contexto
de la comunicación y difusión del arte y la cultura serán diferentes. El
resultado final que nos encontraremos dentro de poco tiempo depende de los
artistas y la sociedad de hoy, ya que sólo en éstos rádica la posibilidad de
construir un mejor destino para todos.
Sin embargo la
batalla para conquistar estos nuevos horizontes es ardua incluso para los
artistas que también deberán sacrificar sus privilegios, deberán encontrar
nuevas maneras de operar. Los derechos
de autor y la figura del como creador absoluto se desvanecerán en un proceso
donde la interactividad con la sociedad será el verdadero protagonista de las
expresiones creativas del futuro.
Inclusive las definiciones históricas que dan origen a los límites del
arte con aquello que no lo es también pueden desaparecer por completo.
A pesar de las
amenazas que esto representa para el status
quo de los artistas contemporáneos,
valdrá la pena asumir los riesgos, por la simple razón de que el arte que se
nos aproxima así lo exigirá.
BREA, José Luis, “Transformaciones
contemporáneas de la imagen en movimiento:
postfotografía, postcinema, postmedia”, Revista Acción Paralela, No.5 (versión
electrónica)
BREA, José Luis, “El tercer Umbral. Estatuto de las prácticas artísticas en la era del capitalismo cultural”, CENDEAC, España. 2009. (versión electrónica)
BREA, José Luis, Net.art: (no arte). (versión electrónica)
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